6º DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (Año A)
1ª Lectura: Eclesiástico 15:15-20
2ª Lectura: 1 Corintios 2:6-10
Evangelio: Mateo (forma breve)
La vida diaria
¿Te has fijado cómo a menudo buscamos justificar nuestras acciones cuando algo sale mal?
Solemos intentar demostrar que lo que ocurrió no fue culpa nuestra. Cambiamos las palabras o los hechos para que parezca que no tuvimos responsabilidad.
En todas estas situaciones, parece que nuestra prioridad es evitar la culpa. Queremos
convencernos a nosotros mismos y a los demás de que no teníamos otra opción. Pero, si somos
honestos, muchas veces sí la teníamos.
El mensaje de Dios
Las lecturas de hoy nos presentan un mensaje claro: nuestras decisiones importan, y somos
responsables de nuestras acciones.
La primera lectura nos dice:
«Si tú quieres, puedes guardar los mandamientos; es decisión tuya ser fiel.»
Esto nos recuerda que Dios nos ha dado la libertad para elegir. Vivir de manera fiel significa seguir
sus mandamientos y actuar de acuerdo con su voluntad.
En el Evangelio, Jesús va más allá de las normas externas y nos invita a mirar nuestro interior. Él
nos dice:
«Pero yo les digo…»
Con estas palabras, Jesús nos enseña que no basta con evitar el pecado de forma visible; también
debemos cuidar nuestros pensamientos y actitudes:
Cada una de estas enseñanzas nos lleva a reflexionar sobre nuestras acciones y decisiones diarias.
Quizás podamos recordar alguna ocasión en la que justificamos nuestras fallas:
Dios no nos pide lo imposible. Él no nos abandona a nuestra suerte ni nos deja enfrentar nuestras
debilidades solos. Al contrario, Él está siempre dispuesto a darnos su gracia y su fuerza para
superar cualquier obstáculo.
La fuerza de Dios
San Pablo, en la segunda lectura, nos recuerda que nuestra capacidad para cumplir con las
enseñanzas de Dios no depende solo de nosotros, sino de su gracia. En otra de sus cartas escribe:
«Todo lo puedo en aquel que me fortalece» (Filipenses 4:13).
Pablo no está presumiendo de sus logros. Reconoce que su fuerza proviene de Dios. Y esa misma
fuerza está disponible para nosotros. Cuando sentimos que algo es demasiado difícil, cuando
pensamos que no podemos superar nuestras debilidades, Dios está allí para ayudarnos.
Jesús nos llama a vivir de una manera que parece desafiante, pero no nos deja solos en esta
misión. Nos da todo lo que necesitamos para:
Si confiamos en Dios y pedimos su ayuda, podremos vivir de acuerdo con sus enseñanzas.
Una vida renovada
Es humano buscar excusas o culpar a otros cuando fallamos. Pero Dios nos invita a ser honestos
con nosotros mismos y con Él. La próxima vez que te encuentres justificando algo que hiciste,
detente un momento y pregúntate:
Reconocer nuestras debilidades no es un signo de fracaso, sino de humildad. Y la humildad nos
abre a la gracia de Dios. Cuando admitimos nuestras fallas y pedimos ayuda, Dios nos fortalece y
nos guía hacia una vida mejor.
El camino que Jesús nos propone no siempre es fácil, pero es el camino que nos lleva a la paz
interior y a una relación más profunda con Dios. Si seguimos sus enseñanzas, no solo viviremos de manera fiel, sino que también experimentaremos la alegría y la plenitud que vienen de saber que estamos haciendo lo correcto.
San Pablo nos anima con sus palabras:
«Si tú quieres, puedes guardar los mandamientos; es decisión tuya ser fiel.»
Que estas palabras resuenen en nuestros corazones y nos impulsen a vivir de acuerdo con la
voluntad de Dios, confiando siempre en su fuerza y su amor.
¡Confiemos en Él, porque con su ayuda todo es posible!
