FESTIVIDAD DE LA EPIFANÍA (A)
1. Vida cotidiana
Imagina que te invitan a una boda. Es una ocasión especial, todos asisten vestidos de gala, y la ceremonia está llena de detalles únicos y exclusivos. Los novios han preparado una lista de invitados con esmero, y cada persona ha sido cuidadosamente seleccionada para compartir este día importante. La familia y los amigos más cercanos reciben la invitación, pero no cualquiera puede entrar a la celebración. Es un evento privado, exclusivo, solo para algunos pocos elegidos.
Sin embargo, también hay otro tipo de celebraciones: el festival en el parque, la fiesta de barrio, donde cualquiera es bienvenido. Ahí no importa quién eres, de dónde vienes o a qué te dedicas. La fiesta está abierta para todos, con música, comida y un ambiente de alegría donde todos, desde el vecino de al lado hasta el transeúnte desconocido, son bienvenidos. No hay restricciones, no hay exclusividad, solo ganas de compartir.
Muchos de nosotros hemos estado en algún momento en situaciones similares. Celebraciones exclusivas y también abiertas. Esta diferencia, entre lo exclusivo y lo inclusivo, puede encontrarse en muchas áreas de nuestra vida. Algunos espacios se cierran, se reservan solo para unos pocos. Otros se abren de par en par, sin importar de dónde venga la gente. Dios, hoy en la fiesta de la Epifanía, nos invita a reflexionar sobre esto.
2. El mensaje de Dios
La festividad de la Epifanía celebra cómo Jesús, que acaba de nacer, se revela al mundo. No solo a los suyos, sino a personas de todas las naciones. En el Evangelio, tres sabios del Oriente llegan con regalos para honrar al Niño. Estos sabios, extranjeros, representan a todos aquellos que están «fuera», que vienen de otros lugares, de otros caminos.
¿Qué significa esta fiesta hoy? En el mensaje de Dios, la fiesta que Él prepara no es para unos pocos privilegiados; es para todos. No hay barreras ni exclusiones. Todos están invitados. En la primera lectura, el profeta Isaías nos dice: «Las naciones vendrán a tu luz… todos se reunirán». En la segunda lectura, San Pablo nos recuerda que «los paganos ahora comparten la misma herencia» que el pueblo judío. Todos son bienvenidos a esta fiesta de Dios, y las puertas están abiertas para todos.
Esto nos invita a pensar en nuestras propias «fiestas», en los espacios y oportunidades que abrimos o cerramos a los demás. Muy a menudo, en nuestro mundo, marcamos barreras: «nosotros» y «ellos», «mi grupo» y «los otros». Muchas veces, incluso sin darnos cuenta, construimos muros en lugar de abrir puertas. Excluimos a los que no se ven como nosotros, a los que piensan diferente, a los que no pertenecen a nuestro «grupo».
3. Vida nueva
¿Qué significa vivir según el mensaje de la Epifanía? Jesús nos muestra que el amor de Dios no tiene límites ni fronteras. Él nos invita a todos, sin excepción. Recordemos cuando un centurión romano, alguien considerado extranjero y lejano de la fe de los judíos, le pidió ayuda a Jesús para su siervo enfermo. Jesús no dudó ni le preguntó quién era o de dónde venía; simplemente dijo: «Iré y lo sanaré». O cuando habló con la mujer samaritana en el pozo, una mujer de otra región, otra cultura. Jesús, al hablar con ella, mostró que para Él no hay «extranjeros». Todos son hermanos y hermanas.
La manera de Dios es abierta y sin exclusiones, y Él nos llama a vivir de la misma manera. Este camino nos pide abrir nuestros corazones, ver a todos como hermanos, y dejar de lado los prejuicios, el tribalismo, y cualquier barrera que limite nuestro amor y compasión. Hoy, especialmente, los marginados, los olvidados y los refugiados nos llaman a actuar con un corazón abierto. Ellos son quienes necesitan más de nuestra ayuda y solidaridad.
4. Reflexión final
Tomemos un momento de silencio y pensemos en aquellas personas a quienes, de alguna manera, hemos cerrado las puertas de nuestra vida. Aquellos a quienes deberíamos ayudar, pero no lo hemos hecho. Pensemos en sus rostros y nombres. Hoy, en la fiesta de la Epifanía, recordamos cómo Dios recibe a todos. Tres sabios, personas desconocidas y de tierras lejanas, trajeron regalos a Jesús. Su establo estaba abierto para ellos. ¿Qué regalo traemos nosotros hoy? ¿Por qué no traer un corazón abierto, un corazón que mira más allá de las diferencias y ve las necesidades de todos?
En esta fiesta, seamos luz para los demás, como la estrella que guio a los sabios. Llevemos el mensaje de una vida sin exclusiones, de una casa abierta para todos, y en este sentido «manifestemos» el camino de Dios.


