La Sagrada Familia (A)
Primera Lectura: Eclesiástico
Segunda Lectura: Colosenses 3:12-21
Evangelio: Mateo
La vida cotidiana
María estaba revisando su lista de pendientes del día en su celular, pensando en todas las cosas que tenía que hacer. Entre trabajo, casa y los niños, apenas podía con todo. Esa misma mañana, al dejar a su hija en la escuela, notó que otras madres también parecían igual de ocupadas y preocupadas. Todos los días se esforzaba por estar ahí para su familia y darles lo mejor, aunque a veces no era fácil. Había que cubrir muchas necesidades: desde comida, hasta abrigo, educación y amor.
Ella sabía que todo lo que hacía por su familia era una expresión de amor. Sabía también que cada esfuerzo era una inversión en el bienestar y la felicidad de sus hijos. Comprendía que, además de las cosas materiales, la verdadera esencia de un hogar feliz estaba en el amor, la paciencia y la comprensión que pudieran compartir.
El Mensaje de Dios
Hoy, en la fiesta de la SAGRADA FAMILIA, San Pablo nos habla de la importancia de “vestirnos” de ciertas virtudes. Pero, ¿a qué se refiere con esto? No está hablando de ropa física, sino de virtudes internas, de una actitud de vida. Él nos dice:
«Vístanse de compasión sincera, de bondad y humildad, de amabilidad y paciencia. Sobre todo esto, revístanse de amor, que es el lazo que los une y los perfecciona».
En una familia, el amor es el alimento y el abrigo esencial. Sin embargo, en la realidad de hoy, vemos muchas veces cómo las personas se dejan llevar por el egoísmo. En lugar de cuidar el uno del otro, se separan, y en lugar de perdonar, se mantienen distantes. A veces, la vida familiar se vuelve un reto lleno de malentendidos y resentimientos que alejan a unos de otros. Hay hijos que dejan de hablar con sus padres, hermanos que se mantienen distantes, y familias que, aun viviendo bajo el mismo techo, no se sienten unidas.
Nosotros sabemos que este no es el plan de Dios para nosotros. En el fondo, todos anhelamos una vida familiar llena de paz, de apoyo mutuo, y de amor. Queremos ver a nuestras familias unidas, respetándose y ayudándose. Hoy, al mirar a la Sagrada Familia, podemos recordar el modelo que ellos nos dejan. Nos muestran que el verdadero amor y la unidad familiar se construyen con paciencia, con comprensión y con la disposición de perdonar.
San Pablo nos da una guía clara:
«Soporten y perdonen a los demás, en cuanto surja un conflicto».
Cuando nos dice “soporten”, nos está pidiendo que tengamos paciencia y entendimiento con los demás, sin juzgar tan rápidamente. Nos invita a considerar las debilidades, los errores y las diferencias de los otros.
Y cuando nos dice “perdonen en cuanto surja un conflicto”, nos aconseja que no dejemos pasar el tiempo guardando rencor. Nos invita a hablar, a explicar lo que sentimos, a escuchar, y a reconciliarnos.
Luego, San Pablo ofrece consejos específicos para cada miembro de la familia: esposos, esposas, padres e hijos. Su mensaje sigue siendo relevante hoy en día, ya que nos recuerda que cada uno tiene un papel importante en la construcción de una familia sólida y feliz.
A las esposas les dice: “Esposas, respeten a sus esposos”. Esto no significa dejar a un lado sus propios deseos y necesidades, sino encontrar un equilibrio donde puedan trabajar juntos para el bienestar mutuo.
A los esposos les dice: “Esposos, amen a sus esposas y traten a ellas con amabilidad”. Amar significa ser atento, escuchar, y valorar las necesidades y deseos de la pareja.
A los hijos les dice: “Hijos, sean obedientes a sus padres, porque eso agrada al Señor”. Hoy, el llamado a los hijos es a respetar a sus padres, y a escuchar la experiencia que estos tienen para ofrecerles.
Y a los padres les pide: “No provoquen a sus hijos hasta que se enojen”. Este es un recordatorio para los padres de criar a sus hijos con amor, paciencia y comprensión, sin severidad innecesaria.
Nueva vida
Durante la Navidad, muchos de nosotros pasamos tiempo con la familia. Tal vez viajamos para ver a nuestros seres queridos, compartimos comidas, intercambiamos regalos y vivimos la alegría de estar juntos. En esos momentos sentimos el espíritu de unidad familiar. Pero, ¿por qué no intentar que este espíritu de Navidad dure todo el año? ¿Por qué no trabajar para que la paz y el amor que sentimos en estas fechas se mantengan vivos durante los meses que vienen?
San Pablo nos muestra que es posible. Si cultivamos respeto, apoyo, perdón y amor, podemos hacer de nuestro hogar un lugar de verdadera paz y felicidad. Hoy, mientras regresamos a casa, dejemos que estas palabras se queden con nosotros. Reflexionemos sobre la vida en nuestras propias familias:
– ¿Qué tipo de ambiente estamos fomentando en nuestro hogar?
– ¿Estamos tratando a cada miembro con respeto y amabilidad?
– ¿Hay amor y comprensión en nuestros corazones?
Si la respuesta es “sí”, demos gracias a Dios por estos dones preciosos. Y si encontramos que falta algo, preguntemos cómo podemos mejorar. Que cada día del año sea una oportunidad para construir una familia unida, como la que nos muestra la Sagrada Familia.


