
TERCER Domingo de Adviento
Primera Lectura: Isaías 35,1-6
Segunda Lectura: Santiago 5,7-10
Evangelio: Mateo 11,2-11
1. Hecho de vida
En la temporada seca, todos los panameños conocemos el paisaje: los potreros de Coclé se vuelven dorados, las quebradas se secan, el sol pega fuerte y el polvo se levanta en las calles. Pero cuando llegan las primeras lluvias de mayo, todo cambia. Los campos vuelven a ponerse verdes, los ríos recobran vida y hasta los animales parecen alegrarse. En pocos días, lo seco se transforma en un mosaico de esperanza.
Algo parecido vivimos cuando en nuestros pueblos se anuncia una buena noticia que parecía imposible. Piensa, por ejemplo, en cuando se construyó un centro de salud en una comunidad apartada o llegó por fin la carretera que tanto se esperaba. Muchos se alegran, pero siempre hay algunos que dudan: “¿Será cierto? ¿Vendrán de verdad los doctores? ¿Se terminará la obra?”.
2. El mensaje de Dios
Así habla hoy el profeta Isaías: “El desierto florecerá, se alegrará la tierra reseca… los ciegos verán, los sordos oirán, los cojos saltarán de alegría”. Es decir: ¡viene un cambio! Lo que parecía seco se llenará de vida. No es poesía vacía: es la promesa de Dios.
Y en el Evangelio, esa promesa se cumple. Jesús mismo responde a los que dudan: “Díganles lo que ven y oyen: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son sanados, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia”. En otras palabras: no se queden en la duda, vean los hechos.
También hoy, en nuestro país , el Señor sigue actuando. Tal vez no de la misma manera visible que en Galilea, pero sí en la transformación de corazones, en la solidaridad que se organiza después de una inundación, en la fe que sostiene a las familias en medio de la crisis. Él quiere curarnos de nuestra ceguera —cuando no vemos las necesidades de los vecinos—, de nuestra sordera —cuando no escuchamos los clamores de los pobres o de los jóvenes— y de nuestras limitaciones —cuando no nos animamos a salir de nuestra comodidad para servir.
3. Nueva vida
Este Tercer Domingo de Adviento es el “Domingo de la Alegría”. No porque todo esté perfecto, sino porque sabemos que el Señor ya está en medio de nosotros. Por eso, esta semana te invito a tres cosas muy sencillas y muy panameñas:
- Ver: abre los ojos a las necesidades reales de tu gente. Fíjate en el abuelo que vive solo en tu calle, en la madre que madruga a vender sus mercancías, en el joven que busca trabajo.
- Escuchar: presta atención a las voces que muchas veces ignoras: el consejo de tu abuela, la inquietud de tu hijo, la súplica de un vecino.
- Acercarte: da un paso concreto de servicio: una visita, una llamada, un gesto de apoyo.
Así, mientras nos preparamos para la Navidad, haremos espacio para que Cristo nazca de nuevo en nuestras comunidades y familias. Como dice Santiago en la segunda lectura: “Sean pacientes y mantengan firmes sus corazones, porque la venida del Señor está cerca”.
Que esta semana, al recorrer nuestras calles de tierra o de asfalto, recordemos que el desierto también florece cuando dejamos que el Señor transforme nuestro corazón. Entonces sí, nuestra alegría será verdadera, porque ya habremos preparado el camino del Señor.
