2º DOMINGO DEL AÑO

1ª lectura: Isaías 49:3,5-6
2ª lectura: 1 Corintios 1:1-3
Evangelio: Juan 1:29-34


1. La vida diaria

Lucía estaba sentada en la reunión de la junta vecinal. Habían convocado para
discutir la posibilidad de abrir un comedor comunitario, algo muy necesario en el
barrio. Pero en lugar de hablar de cómo organizar el proyecto, algunos miembros
de la junta empezaron a criticar a Andrés, otro vecino que no había podido asistir.

—Ese hombre siempre promete ayudar, pero nunca aparece cuando se le
necesita —comentó uno de los presentes.
—Sí, es puro cuento, solo se preocupa por sus cosas —agregó otra persona con
desdén.

Lucía se sentía incómoda. Andrés era su amigo desde hacía años, y ella sabía
que siempre estaba dispuesto a ayudar, aunque no siempre podía asistir a todas
las reuniones. Dudó si decir algo, pero finalmente, respiró hondo y habló.

—Creo que están siendo injustos. Andrés hace lo que puede. De hecho, la última
vez que alguien necesitó un favor urgente, él fue el primero en ayudar. Y hoy no
vino porque se enteró de una emergencia familiar; tuvo que salir de viaje esta
madrugada.

La sala quedó en silencio. Algunos bajaron la mirada, otros parecieron reflexionar.
Lucía sintió alivio; no solo había defendido a su amigo, sino que también había
recordado a todos la importancia de hablar con justicia, de no juzgar sin conocer.

2. El mensaje de Dios

Lo que Lucía hizo por Andrés es algo que también se nos pide a los cristianos que
hagamos por Jesús. A veces dudamos, tememos, nos quedamos callados. Sin
embargo, Jesús nos invita a dar testimonio de quién es Él en nuestras vidas, de la
bondad y el amor que representa.

Como Lucía, que se atrevió a hablar con justicia, en la Biblia encontramos a
personas que también hablaron a favor de la verdad. En el evangelio de hoy,
vemos a Juan el Bautista señalando a Jesús y diciendo: “Ahí está, Él es el
Cordero de Dios”
. Juan no se quedó callado; fue testigo de la presencia de Jesús
en medio de ellos. También vemos a Pablo, quien en su carta a los Corintios se
presenta como apóstol, alguien enviado a difundir la buena noticia de Dios.
Finalmente, está Isaías, el profeta, quien se describe como elegido por Dios desde
el seno materno para guiar a su pueblo.

¿Qué tienen en común estas personas? Todas fueron testigos. Un testigo es
alguien que ve algo importante y lo cuenta. Cuando alguien es juzgado o criticado
injustamente, como Andrés en la historia, un testigo se atreve a contar lo que sabe
de esa persona. Puede decir: “Quizás ustedes ven una cosa, pero yo he visto otra,
y esta es mi experiencia de esa persona”.

Nosotros también, como comunidad, hemos tenido experiencias que nos
muestran cómo es Dios. Celebramos la Epifanía, la manifestación de Dios para
todos los pueblos. En la fiesta del Bautismo del Señor, recordamos cómo Dios se
complace en su Hijo y, por extensión, en cada uno de nosotros. Estas
celebraciones nos acercan a Dios y nos ayudan a conocerlo mejor.

Así que hoy, cada uno de nosotros puede decir: “Sí, Señor, ahora te veo mejor. Te
conozco un poco más. Sé el tipo de persona que eres, un Dios cercano y
amoroso”
. Pero la pregunta sigue en pie: ¿es suficiente creer en Él y conocerlo?
La respuesta es no. Ser cristiano no es solo creer; es también dar testimonio,
mostrar con nuestra vida quién es Jesús para nosotros.

3. Nueva vida

A veces, como Lucía, debemos defender la verdad y la justicia. No siempre es
fácil; hay momentos en que sentimos vergüenza o temor de hablar. Pero
recordemos que ser cristiano significa ser testigo de Jesús en el mundo de hoy, a
pesar de nuestras dudas.

Quizás has pasado por alguna situación en la que sentiste que debías decir algo y
no lo hiciste. Tal vez alguien criticó nuestra fe o se burló de un valor cristiano, y decidiste no hablar. Hoy es un buen momento para pedirle al Señor que nos dé
valentía y que nos ayude a ser testigos auténticos. Podemos decirle: “Señor,
cuando la situación se presente de nuevo, ayúdame a hablar por ti. Dame la
fortaleza para ser tu testigo”.

Ser testigo no significa necesariamente dar grandes discursos o ser elocuente
como Juan el Bautista o San Pablo. Podemos ser testigos a través de nuestras
acciones cotidianas, viviendo con coherencia los valores del Evangelio. Como
cristianos, estamos llamados a reflejar a Jesús en nuestras actitudes, en cómo
tratamos a los demás y en nuestra disposición para ayudar y perdonar.

La luz que irradia nuestra vida puede ser una manera poderosa de dar testimonio.
Las personas que nos rodean deben poder decir: “Esta persona sigue a Jesús;
trata de vivir como Él”
. Cuando nuestras acciones reflejan el amor y la paz de
Jesús, estamos siendo testigos de Él. Otros pueden ver en nosotros un reflejo de
cómo es realmente Jesús.

Para muchos, esta puede ser la única forma de conocer a Jesús: a través de
nosotros. No todos escucharán una homilía o leerán la Biblia, pero pueden ver la
vida de alguien que trata de vivir el Evangelio y decir: “Sí, así debe haber sido
Jesús”
. Cada acto de bondad, cada palabra justa, cada momento de servicio es
un testimonio vivo de nuestra fe.

Hoy, recordemos el ejemplo de Juan el Bautista, de San Pablo y de Isaías. Y
como Lucía, estemos dispuestos a hablar, a defender y a dar testimonio cuando
sea necesario. Que nuestras vidas puedan ser una luz que guíe a otros hacia
Jesús, mostrando con amor y verdad quién es Él para nosotros.

Entradas Relacionadas